jueves, 30 de junio de 2011

Mata a esa chola de mierda ¡mátala!



Por CABE
La orden suena con nitidez. Se dice que sería la voz del oficial al mando de la operación represiva contra los aimaras. Pero, sin duda, es la voz que llega desde lejos, desde el Palacio de Gobierno, de Alan García y más allá de él, es la voz de la oligarquía peruana que heredó los métodos de los conquistadores y del virreinato ibérico. Métodos criminales de los que la putrefacta oligarquía peruana no quieren desprenderse, como los Luises de Francia en su época, y que por ello terminaron sus vidas en la guillotina.
Ya se ha dicho que el racismo es la forma como se expresa la colonialidad del poder en el Perú, pero en la orden de “matar a esa chola de mierda hay mucho más que eso. Cualquier psicoanalista diría que la orden fue lanzada por alguien que odia profundamente a su madre. ¿De qué raza se considera el oficial que ordenó semejante cobardía? ¿Mandó eliminar a su madre indígena para sobrevivir con la ilusión de privilegiar el color de la raza ínfima, menos del 5%, que detenta el poder político y económico del Perú? ¿Se siente mejor hoy el criminal matricida?

¿Se siente mejor hoy señor Alan García que, mientras se cumplía su orden de matar a esa chola de mierda se encontraba, en esos mismos momentos, en una ceremonia con olor a cementerio, recibiendo la bendición al Cristo de lo robado de manos del cardenal Juan Luis “cojudez” Cipriani?

Pero en este crimen de matar a la chola de mierda, que sabemos que tiene, tuvo, nombre, Petronila Coa Huanca, García no está sólo. Lo acompañan sus ministros, comenzando por la primera ministra Rosario Hernández y el del Interior, el “tramposo “General Miguel Hidalgo. También son cómplices los congresistas que en su mayoría dio superpoderes a García para dejar pasar un decreto que da licencia para matar cholos, a los efectivos de la policía, como si éstos no fueran también “cholos” o peor aun “cholos de mierda”.
Allí no queda la cosa porque también son cómplices de este crimen aquellos que desde el poder de los medios mantienen a perpetuidad la vigencia del racismo, elitizando sus castas de “Ellos & Ellas”, santificando los balnearios exclusivos, los clubes discriminatorios, privilegiando el Estado fujimorista que sirve para robarle al país y matar a sus cholos, y que por eso la oligarquía protege, defiende con uñas y garras la Constitución que hizo montesinos en 1992-93 a imagen y semejanza de la corrupción y que convirtió a los peruanos en “perros del hortelano” y en “ciudadanos de tercera clase”.
Pero también, aunque le duela a algunos, también es responsable de este crimen contra la “chola de mierda”, la señora Coa Huanca, el gobierno que está en las puertas, el de Humala, que sabiendo que un criminal anda suelto, lo deja libre y peor aún lo impele a “dejar la casa en orden” cuando supuestamente ha sido elegido precisamente para ordenar la casa que está de cabeza, llena de basura corrupta por todos lados y manchada de sangre del pueblo derramada inútilmente.

Mal comienzo, comandante. Mal comienzo. Debió usted advertir al gobierno que se va que no haga nada más, sabiendo que su hacer es criminalmente sangriento.
Los pueblos quedan advertidos. Mientras prosiga la Constitución montesinista que consagra el Estado fujimorista, no importa quién gobierne, Fujimori o Humala, todo va a ser miseria, represión y muerte. La economía del futuro, agraria, de protección al medio ambiente, de bienestar general, no es posible sin liquidar la maldita constitución del 93. Para ello, hoy más que nunca, las organizaciones responsables de los movimientos sociales y que recorren el país con una lista de más de 230 conflictos amenazados con más sangre y más fuego, solo tiene que unir sus demandas en una máxima: ¡Asamblea Constituyente!

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